| Formar para la vida: Educar en la libertad |
| Viernes, 24 de Junio de 2011 00:00 |
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Actualmente, el mundo aspira a contar con un nuevo tipo de actores: creativos, con iniciativa, capaces de generar proyectos que marquen una diferencia. En otras palabras, verdaderos motores y no una pieza más del engranaje social que quizás funciona, pero no evoluciona.
Sin embargo, ¿estamos creando mentes proactivas? Las familias y los colegios, ¿caminan en esa línea? Aunque cueste admitirlo, la respuesta es clara y rotunda: no...
Isidora Mena, sicóloga y directora de Valoras UC -programa de estudios y apoyo a la convivencia entre los chilenos-, centró su tesis de doctorado en el estudio de las demandas sociales por creatividad al sistema educativo. Exploró los más diversos escenarios de nuestra sociedad, porque veía la necesidad de que la creatividad humana aflorara.
Después de un largo recorrido, confirmó que no todos están dispuestos a dar el salto al cambio. "Los que no comparten esta visión, en el fondo siguen creyendo en lo más profundo y sincero en la conveniencia de que muchas personas sean sólo obedientes, sumisas, con pocas ganas de mirar la realidad y transformar lo que les parezca útil modificar. Algo así como ‘es muy idealista esto de que todos seamos más creativos'", reflexiona.
Con su experiencia, sostiene que la educación tradicional no promueve las cualidades que se espera de las nuevas generaciones: "En el intento por mantener el orden y la disciplina se tiende a privilegiar la entrega de conocimientos teóricos por sobre el despertar de la imaginación, la creatividad y la capacidad de aportar a la comunidad"...
En síntesis, caminamos en la dirección opuesta a la que necesitamos llegar.
"Creo en ti... tú puedes"
Al escuchar por primera vez hablar de educar en libertad, es legítimo que los padres se pregunten: ¿Se puede aplicar a todos los niños y jóvenes? "Por supuesto que sí -sostiene Isidora Mena-. Pero significa lo que su nombre indica: ‘formar' en libertad. Es decir, ayudándoles a aprender cómo ejercer su libertad en una comunidad a la que deben respetar. Se relaciona mucho con formar en valores, pues en el fondo se trata de ‘qué valores' debes resguardar cuando ejerces tu libertad, para cuidarte a ti y a tu comunidad".
Por su parte, Carlos Sanhueza, como padre de una familia numerosa, advierte que hay que contemplar que cada persona es un mundo en sí mismo, con distintas necesidades y preocupaciones. "Eso de que ‘a todos los hijos los he criado igual o los quiero de la misma manera' es una ceguera. Padres e hijos estamos en constante transformación. Por lo tanto, no podemos esperar ser los mismos o educar de la misma manera si aceptamos esta característica de los seres humanos".
Una tarea nada de fácil, pero tampoco una misión imposible. Y cuanto antes se comience, mejor. En el hogar y desde que los menores empiezan a usar uniforme, como lo asume el Colegio Notre Dame, que día a día enfrenta el reto de educar en libertad. Un concepto que muchas veces se malentiende y que Ignacio Canales, rector del establecimiento, aclara: "Significa darle al niño la posibilidad de explorar, de generar descubrimientos originales desde su infancia hasta su juventud, etapa en que el colegio patrocina su formación".
Al avanzar por este camino, admite, se han ganado el estigma de ser un colegio desordenado. Pero nada más lejano de la realidad. "Ponemos reglas. Los alumnos tienen hora de llegada y de salida, deben usar uniforme -aclara-. Hay gente que confunde la formación en libertad con dejar hacer. No, ellos saben que si no cumplen las reglas, reciben sanciones".
Por otro lado, la confianza mutua es un postulado al que nunca claudican, Por ejemplo, "si un niño es visto en una actitud sospechosa en la sala de clases -grafica-, es consultado por su profesor jefe o el rector. ‘¿Copiaste, Felipe?'. Si él responde ‘no', se cierra la conversación. No hay indagatoria o investigación. Basta su palabra. Si él nos miente, él se miente. Es muy distinto vincularse desde la confianza que desde la desconfianza y hay que dar la oportunidad de recuperar la confianza resquebrajada".
Avala sus palabras a través del testimonio de un ex alumno, quien al visitarlo le comentó: "Cuando me enseñaron a reconocer mis errores, hoy, a los 43 años, percibo que lo que hicieron conmigo fue no romper el vínculo. Siempre se mantuvo y ahí está la clave".
La palabra "autocontrol" también adquiere suma relevancia. Permite incentivar que los alumnos superen metas desde un compromiso consigo mismo, más que desde el control externo. "Porque una vez que retiras ese control, la pregunta es: ‘¿Has logrado que incorporen eso como algo que les hace sentido o simplemente porque es represivo?'", cuestiona el académico.
Claramente, la educación en libertad se presenta muchísimo más exigente que la tradicional. Demanda del niño o del joven coraje y determinación para optar y actuar. También fortaleza para aprender de los errores y a no conformarse con la mediocridad. "Los beneficios de formar en esta línea tienen que ver con la ganancia en la capacidad de autorrealización, que el niño se fortalezca y sea capaz de medir que sirve, que puede, antes de ponerse en contacto con sus limitaciones", asevera Ignacio Canales.
Sin duda que para obtener resultados satisfactorios es necesario un trabajo en conjunto con los hogares. "A algunos hijos les cuesta más aprender esto que a otros, por motivos personales o familiares. Por ejemplo, si un hijo es muy impulsivo, aprender a que sus intereses tienen que contemplar los de los otros será más lento -plantea Isidora Mena-. Si uno es muy arriesgado, será más largo explicarle que debe reflexionar los peligros y consecuencias de sus acciones y que mientras no lo logre, a veces, cuando el riesgo sea mayor, los padres tendrán que limitar ciertas acciones".
Como un papá muy presente y proactivo, Carlos Sanhueza entrega un enriquecedor testimonio. "He pasado por todos los métodos de enseñanza -confiesa-. Desde la tradicional, basada en la obediencia y límites, hasta la que un padre tradicionalista podría definir como de laissez faire. Mi cambio surgió a partir de una serie de reflexiones. ¿Las buenas notas garantizan que mis hijos serán hombres-mujeres de bien? ¿Criar hijos obedientes garantiza que serán buenos profesionales-empresarios-padres o madres de familia? Frente a estas reflexiones, concluí que nada de lo anterior garantizaba el futuro de mis hijos. Que lo que sí garantizaba este tipo de exigencias era un estrés de las relaciones con ellos y que lo único que me permitía criar hijos autónomos y seguros de sí mismos era una crianza en el amor. ¿Cómo? Respetándolos, viéndolos, escuchándolos, siendo consistente entre el discurso y la acción, y todo muy coordinado y consensuado con la mamá".
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