¿En la mira o en la mirada?
Escrito por Alejandra Pizarro   
Sábado, 13 de Diciembre de 2008 03:56

altDesde siempre, o al menos desde hace mucho tiempo, me ha conmovido la buena fotografía, esa que tiene la capacidad de revelarnos algo precioso de una creatura, que normalmente vemos a menudo, pero en la que jamás habíamos reparado, o me atrevería a decir, a la que jamás habíamos mirado.

Algo ha logrado ver ese fotógrafo al minuto de pulsar el obturador que nos permite descubrir en su fotografía, lo que hasta ese momento nos resultaba del todo invisible.

Esta rica experiencia he podido vivirla regularmente con un amigo, quien desde mediados del año pasado nos envía cada día por mail una fotografía tomada por él.

Adicionalmente acompaña cada fotografía con una o dos frases que nos preparan para abrir ese regalo, ya que revela entre líneas algo de ese ser que fue capturado por su ojo de extraordinario fotógrafo.

Conversando con él, hace poco, reflexionábamos sobre lo contrapuesto de la tarea de un fotógrafo y un cazador, y sin embargo lo similar del quehacer que desarrollan.

Ambas actividades coinciden muchísimo en su ejecución y se requieren capacidades muy similares para lograrlas con éxito. Sin lugar a dudas ambas están llenas de emoción, las dos necesitan de una buena dosis de paciencia y de gastar bastante tiempo destinado a la observación.

Ambas exigen entrenar el ojo y templar el pulso. Al igual que los cazadores, los grandes fotógrafos se internan, por horas y hasta por días, en medio de la naturaleza, esperando el momento justo que les permita acometer con la mayor maestría la tarea.

Podemos constatar, entonces, que lo contrapuesto no está ni en el procedimiento ni en la actividad -allí está precisamente su similitud- sino en lo que resulta de ella. Mientras el fotógrafo “captura a su presa” para revelarnos lo más precioso de ella, el cazador “captura a su presa” para destrozarla. Mientras el primero la inmortaliza a través de su lente y con ello consigue tenerla para siempre, llevarla donde quiera que vaya y permitir que muchos otros también disfruten de su “captura”, el segundo le da muerte cruel haciéndola desaparecer tanto para él mismo como para el resto de la humanidad.

Esta es, sin duda, la tremenda diferencia entre poner en la mira del rifle o en la mirada del lente… ¿en la mira para disparar y destrozar o en la mirada para contemplar y revelar lo admirable de lo visto?

Tengo la impresión que demasiadas veces pongo a los otros en la mira del cazador que llevo dentro y no en la mirada del eximio fotógrafo que también llevo dentro. Me parece que como sociedad también nos estamos ejercitando demasiado en adiestrar al cazador, poniéndonos unos a otros en la mira, y estamos olvidando al fotógrafo que es capaz de observar y mirar amorosamente su entorno para capturar lo más hermoso de él. Y eso, inevitablemente, va articulando un modo de relación cruzado por la desconfianza, y que nos impulsa a gastar mucha energía en defendernos unos de otros, ocultándonos a través de los más diversos “camuflajes”, fruto del temor que nos atraviesa cuando en lugar de encontrarnos, hemos elegido enfrentarnos.

¿Qué pasaría si me atreviera a gastar más tiempo en poner en mi mirada a las personas y a los seres maravillosos que hay a mi alrededor para descubrir su infinita belleza y luego me diera a la tarea de ir revelando los estupendos hallazgos que sin duda iré haciendo?

¿Cómo sería nuestra sociedad si en lugar de ponernos en la mira para levantar la crítica, para construir el prejuicio, para correr el rumor; nos pusiéramos unos a otros bajo la mirada amable y fraterna, que necesariamente la mayoría de las veces, despierta lo mejor del ser que se siente mirado?

Si viviéramos así, ¿acaso no sería agradable liberarnos de las múltiples armaduras con que cada mañana nos cubrimos para salir a enfrentarnos con la mira de los variados francotiradores, o las más de las veces, para cubrirnos del dolor que nos produce el no ser vistos por nadie a nuestro alrededor?

Es a esa mirada amable y fraterna a la que ha invitado la campaña Enamórate de dar, de la Comunidad Organizaciones Solidarias, cuando en abril de este año lanzó su invitación a, entre otras cosas, Enamorarse de dar la Mirada… Queríamos decir con ello que el poder que tiene nuestra mirada es infinito, que a través de ella podemos dar vida al ser que miramos, podemos hacerlo existir, podemos permitirle desarrollarse, podemos descubrir su belleza, podemos desarticular su temor, podemos derribar los muros que nos separan, podemos conocer sus talentos, podemos salvarlo de la soledad y salvarnos de la nuestra, podemos entender su dolor, podemos intuir su singularidad, podemos comprender su necesidad, podemos disfrutar de su alegría, podemos asomarnos a su historia, podemos ponernos en su lugar, podemos liberarnos de los prejuicios, podemos transformarlo en nuestro prójimo.

La elección es diaria y siempre únicamente nuestra: ¿poner a los otros en la mira o ponerlos en nuestra mirada?