| Septiembre en Chile: Tiempo para ser comunidad |
| Escrito por Equipo Desafío |
| Jueves, 15 de Septiembre de 2011 14:45 |
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Pero definitivamente desde hace algún tiempo los chilenos nos hemos visto expuestos, a veces inesperadamente, a descubrir -pero muy especialmente a “sentir”- nuestra condición de miembros de una comunidad, una comunidad nacional.
El año pasado, por más esfuerzos que se hicieran para promover un discurso patriota “predeterminado” con ocasión del Bicentenario, no fue sino un accidente de 33 modestos mineros del norte del país lo que nos recordó nuestra condición de comunidad, una que, entre otras cosas, se conduele y moviliza ante la tragedia y el dolor de los suyos. Pocos meses antes, la enérgica respuesta solidaria ante el terremoto había evidenciado algo parecido.
Este año han sido varios los hechos que nos han puesto “en comunión”. Uno de ellos ha sido la reivindicación, ampliamente compartida, del derecho a una educación que permita generar una sociedad inclusiva y de igualdad de oportunidades. Pero sin dudas el acontecimiento que está marcando el tono de estas fiestas patrias fue el accidente de “los 21 de Juan Fernández”.
La tragedia nos golpeó. Sentimos un gran dolor por la pérdida de personas valiosas. Y, a medida que se sucedían los acontecimientos, fuimos tomando conciencia de que el dolor era compartido, que nos hermanaba, como una gran familia que llora unida la muerte de uno de sus miembros. Fue así como durante un tiempo fuimos una sola comunidad. En ese tiempo todos fuimos también de TVN, de Desafío Levantemos Chile, del Consejo de la Cultura, de la FACH.
Pero no sólo eso. Al mirar las vidas de los que murieron, fuimos percatándonos que, silenciosamente, ellos tenían muy claro el valor de “ser comunidad”. Apostaban por un país hecho comunidad, una que comparte la vida, las alegrías, la cotidianidad, los sueños, pero que también va en ayuda de sus miembros menos favorecidos o en desgracia. Habían convertido sus propios entornos vocacionales en espacios donde cultivar la comunidad. Sus colegas han contado cómo impulsaron la confianza, el trabajo en equipo, el cariño, el humor, la solidaridad.
Esta experiencia, aún cuando dolorosa, nos recuerda que tenemos algo, acaso mucho, en común: una historia, un presente y un mañana, pero muy especialmente la riqueza de las personas que componen esta comunidad, cada una con su valor y algo que aportar. Es de esperar que hagamos perdurar esta conciencia; este tesoro debemos cuidarlo y ampliarlo siguiendo precisamente el ejemplo de quienes han hecho algo valioso por él.
La unidad y una voluntad renovada de encuentro es también uno de los misteriosos regalos que nos traen estos tiempos de dolor. Celebremos pues el país que somos, con sus tradiciones, sus tricolores, sus voluntades, su diversidad y su geografía, teniendo presente también el desafío de hacer de él la comunidad fraterna y solidaria que soñaron los Felipes, Juaco y los demás.
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