| Recuperar la humanidad |
| Escrito por Pedro Alberto Arellano | ||
| Miércoles, 02 de Noviembre de 2011 16:22 | ||
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¿Cómo transformar la rabia, que habitualmente se expresa en violencia y destrucción, en una emoción creativa, transformadora y constructiva? Es lo que buscamos suscitar a través del Aconcagua Summit, el que entre el 13 y el 16 de octubre convocó en Portillo a un grupo de líderes de distintas procedencias, entre empresarios, dirigentes sociales, jóvenes emprendedores, pastores y dirigentes políticos.
“Humanizar la globalización” desde sus propios lugares de misión y compromiso fue el llamado que movilizó a estos 220 líderes. Ellos estuvieron dispuestos a responder a este desafío, que no contaba con ninguna agenda predefinida sino sólo la invitación al encuentro, creación y compromiso en pos de un mundo con mayor “humanidad”.
Este primer encuentro fue, como lo hicimos saber desde el inicio, el “campamento base” desde el cual esperamos ascender a las cumbres en medio de un complejo momento que vivimos como sociedades. Fue así como a partir de la generación de un espacio pródigo de confianza, empatía y reflexión personal estuvimos, cerca de la mitad del tiempo, centrados en descubrir los sueños, los anhelos de cambio, como también en reconocer lo que nos limita, lo que nos frena, los paradigmas que deben ser modificados, como las conductas y limitaciones que requieren ser traspasadas. Todo ello en el entendido que mientras más alto queramos escalar, más profundo debemos ir en nuestra conciencia personal de quienes somos, lo que nos frena y lo que queremos crear.
En la cultura occidental, que funda su actuar en procesos tan planificados, tan racionales y principalmente donde hemos sido educados “al resultado”, no fueron menores las tensiones generadas, sobre todo cuando, más allá de un eje conductor en el programa de esos días, el equipo organizador estuvo dispuesto a confiar en la sabiduría colectiva y permanecer en la escucha de este proceso profundamente innovador y creativo, al punto que luego de este proceso de preparación del terreno, sólo fue necesario un solo día para que emergieran los desafíos en diversos ámbitos de trabajo, como los proyectos que podrían responder y dar pistas de solución para cada uno de ellos.
Fue entonces como, al fragor de la creatividad bullente, se abordaron proyectos y compromisos en torno a diversas temáticas de interés. Un grupo en que compartían empresarios, ejecutivos y dirigentes sindicales se animó a mirar de frente los desafíos para humanizar la empresa; otro trabajó sobre iniciativas para favorecer negocios inclusivos; otro imaginó no sólo “tender puentes entre mundos” sino que creó “rotondas de encuentro e inclusión”…
Toda una creatividad surgida a partir del encuentro consigo mismo, del encuentro con el otro que es diferente, del encuentro con la pequeñez como con la inmensidad que nos sobrecoge, del encuentro con la potencia y la fragilidad como del encuentro con la trascendencia y la urgencia de ofrecer lo único y sagrado que tenemos y que no nos pertenece. |