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Columna publicada en la revista Desafío de Humanidad nº78
La manera en que miramos, percibimos y comprendemos la realidad en la que estamos situados nos expone ante los
demás, nos muestra, nos delata. Para actuar y movernos en la vida debemos saber qué tenemos que hacer, debemos conocernos y entendernos en relación a la realidad que enfrentamos. Tenemos que comprender la realidad social, económica, política y cultural en la que estamos situados. La forma como percibimos la realidad que nos rodea, refleja nuestra comprensión de la situación en la que estamos inmersos, y manifiesta los valores con que nos movemos y actuamos. Nuestra manera de actuar frente a la realidad expone nuestra Ética, los valores que nos importan, aquellos principios e ideales que quisiéramos ver plasmados en nuestras vidas y en nuestra sociedad.
La experiencia moral es inseparablemente personal y social. Vivo y percibo realidades que me parecen buenas con otras que no me parecen tan buenas, o a veces las estimo como malas. Esa experiencia moral está influida por las relaciones familiares, por la educación recibida, por las marcas que dejaron aquellos que dejaron impresas sus huellas en mi personalidad y carácter. Comprenderme significa ser capaz de mirar dentro de mi mismo, de percibir mis deseos y aspiraciones, mis alegrías y tristezas, cómo manejo mis proyectos personales, cómo me las arreglo para tratar de ser SUJETO DE MI VIDA. Cómo me doy cuenta de las necesidades y demandas explícitas e implícitas de mis cercanos, cómo tratan de comunicarme sus problemas, los que a veces paso por alto, amurallado y AISLADO
EN MIS PROPIOS INTERESES.
La Ética se relaciona con la experiencia y vivencia de aquello que me parece “bueno” y que siento la necesidad de poder realizar. Ese Bien lo descubrimos en las relaciones que entretejemos con nosotros mismos, con nuestros más cercanos y con el Bien que podemos y debemos hacer en la sociedad en la que vivimos junto a tantos otros. Por ello la pregunta central como seres humanos debiéramos hacernos es: ¿cuál es el bien que debo realizar aquí y ahora? Y ese Bien lo debo percibir, mirar, reconocer, descubrir y discernir con una mirada lúcida y honesta de la realidad que vivo.
La mirada sobre la realidad personal, interpersonal y social es el primer paso necesario de cualquier acción humana. Necesito conocer mi realidad, mi mundo interior. Necesito comprender la realidad de mis relaciones interpersonales, y entender mejor los aspectos del mundo en que estoy situado. Si no conozco la realidad que me rodea no tengo posibilidades de actuar de modo racional y eficiente. Sólo podré dar manotazos como los del que se cae a la piscina y no sabe nadar. Nadie puede actuar sin un mínimo conocimiento de la realidad que enfrenta, ya sea esta realidad la propia vida interior, las relaciones que entretejo con otras personas o aspectos de la realidad social, política o económica. Si el problema que voy a enfrentar es más complejo, mi mirada necesita un proceso
más largo y profundo de comprensión de esa realidad, para poder hacerme cargo de ella. Y si aún así no puedo comprender la realidad, debo solicitar ayuda a otros, más especializados, que me ayuden a comprender la realidad.
Nuestra “mirada” de la realidad no es neutra ni aséptica.
Todos tenemos “anteojos” para mirar la realidad. La observamos desde nuestros intereses más propios y profundos. La realidad es multifacética y no puede hablar. Somos los seres humanos los que le prestamos nuestras palabras y nuestras comprensiones para expresar sólo una parte de la rica realidad, siempre más amplia y más profunda que lo que solemos mirar. Sería valioso que aprendiéramos a profundizar nuestra mirada sobre la realidad, que comprendiéramos las limitaciones que tiene nuestra mirada, para así interesarnos en aprender a mirar más en profundidad y más lejos. Un camino importante suele ser que supiéramos escuchar la parte de verdad que los “otros” nos plantean al mirar aspectos diferentes a los que yo miro en la misma realidad.
Para percibir la enorme riqueza de la realidad en la que vivimos supone condiciones. Primero que pueda tener la capacidad de hacer silencio en mi corazón de modo que no sólo escuche MIS necesidades y deseos sino también las de los otros. La segunda, que el escuchar y darme cuenta de visiones diferentes a las mías no suele darse sin cierto esfuerzo y lucha. No lograré hacer silencio en mi interior sin un serio esfuerzo de contención y manejo de mis deseos y afectos que me lo dificultan. Tercero es desarrollar la capacidad de observar, percibir y darme cuenta de las peticiones, deseos o necesidades que tanto yo no he sabido expresarme a mí mismo y que se anidan en mi interior. Es fundamental una gran dosis de humildad, de aprender que no soy dueño de la verdad absoluta, que
debo aprender a contemplar con mayor profundidad la realidad.
Debemos tener claro que la mirada a la realidad personal, interpersonal y social siempre será el primer paso del actuar ético. No dispongo de suficiente libertad para actuar si no tengo un conocimiento básico y mínimo de la realidad en que estoy situado, si no tengo una mirada y comprensión mejor de mí y del mundo que me rodea. Si mi mirada de la realidad fuera más profunda, más rica, si aprendiera a mirar más lejos y con mayor profundidad, mis acciones debieran ser mejores, más éticas, en el sentido que me ayudarían a sentirme mejor conmigo y a realizar un bien mayor.

*EL AUTOR DE ESTA COLUMNA ES MIEMBRO ASESOR DEL PROGRAMA DE ETICA EMPRESARIAL Y ECONÓMICA; PROFESOR DE ÉTICA Y ÉTICA DE LA EMPRESA DE LA UNIVERSIDAD ALBERTO HURTADO.
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