Nuestro Orden de Valores

Ser único y sagrado: Toda persona es creada a imagen y semejanza de Dios.

Nuestros compromisos y actos se fundan en la certeza de que cada ser humano, independiente de su condición socio-económica, cultural, política o geográfica, nace como un “ser único” pleno de potencialidades y riquezas. De igual forma, naciendo libre y lleno de talentos, resulta que el entorno que le recibe le coartará o facilitará en gran medida su pleno desarrollo.

Esperanza: El futuro se funda y tiene sentido en una esperanza.
Los anhelos de bien y trascendencia, inscritos en el corazón del ser humano, tienen su manifestación concreta en la capacidad de soñar, de concebir un futuro mejor, de visionar un destino superior para si mismo, su entorno y la humanidad.

Gratuidad: Condimento esencial para una acción fecunda.
La gratuidad en el actuar implica la entrega de talentos, recursos y competencias, personales u organizacionales, sin querer retener para si todos los frutos, ni apropiarse de todos los resultados, o poner bajo su poder y control la acción emprendida. De ello, y como se ha expresado en la naturaleza desde siempre, surge la fecundidad, como una dimensión infinitamente superior a nuestros cánones más altos de productividad.

Confianza: Es la sabia que recorre las arterias de una buena relación.
En la confianza se construye la persona y su vínculo con el entorno. En ésta se funda la ética y por tanto un desarrollo sostenible. El clima y la calidad de las relaciones son el principal nutriente del crecimiento. La cooperación, y más aún la “comunión” surge de objetivos compartidos, y de un espíritu de unidad. En contrapartida a ello la competencia llevada al extremo destruye todo desarrollo personal y organizacional.

Amor y compasión: Es la base de un desarrollo equilibrado.
“El amor es paciente, servicial y sin envidia. No quiere aparentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza, ni busca su propio interés. El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre le agrada la verdad. El amor disculpa todo; todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta. ... El amor nunca pasará” (Pablo a los Corintios 1 13, 4-8).
La compasión como expresión del amor implica estar presente en el otro, padecer con, viviendo entrañablemente su condición para acompañarle en su desarrollo.

Error y perdón: La debilidad del tropiezo y la recuperación de la dignidad.
En el ser humano conviven fortaleza y debilidad, grandeza y pequeñez, poder y vulnerabilidad. Al ser conscientes de ambos aspectos, podremos reconocer con humildad los logros, como con entereza los errores. Asumir los límites y responsabilidades, tanto personales como de los otros es condición esencial para el perdón y la reconciliación. Las relaciones interpersonales pueden fortalecerse cotidianamente, en cuanto valoramos al otro en toda su dimensión y nos preocupamos de limpiar aquellos aspectos que afectan la armonía de la relación.

Alegría: Consecuencia y añadidura de un actuar coherente y fecundo.
Un actuar pleno y acciones con sentido, traen como consecuencia la alegría que es una expresión del alma, más que una solo manifestación externa. La alegría refleja equilibrio interior, quietud, coherencia, sentido de vivir, felicidad y paz.

Creación de espacios de encuentro: Consigo mismo, con los otros, con su entorno, con Dios. El cambio permanente y la velocidad de nuestra vida nos dispersan, nos disgregan y nos aíslan socialmente, generando con ello una cultura individualista y encerrada. Es en este contexto que como DESAFIO buscamos favorecer el encuentro y el compartir, tanto a nivel de pares como de personas de mundos diversos.

Despertar el sentido: Construir visión macro con muchas acciones micro.
“Nunca hemos corrido tanto hacia ninguna parte”. Con esta frase Víctor Frankl se refería a nuestra realidad como humanidad. Muchas veces encerrados en nuestra actividad diaria, perdemos el foco, la dirección y el sentido... el “para qué” de todo lo que hacemos. Como DESAFIO proponemos mirar desde lo alto lo realizado, a fin de no perder el trayecto recorrido como la visión del destino que perseguimos. Aquí se funda nuestra capacidad para cuestionarnos, para no perder la dirección que llevamos, como para estar atentos al sentido del viaje.

Un hacer comunitario: Cada persona, como cada organización esta invitada a ser una perla preciosa, ofreciendo sus talentos e identidad. Más una perla no hace un collar y muchas veces diversas iniciativas pierden su potencialidad, la amplitud de su tarea, en la incapacidad de “hilvanarse”, asociarse, establecer un nivel de “comunión” con quienes pueden ser su complemento. Los grandes desafíos de nuestra humanidad solo serán logrados en cuanto sepamos, ordenar nuestros objetivos particulares y nuestro actuar específico en torno a objetivos comunes que trascienden nuestra individualidad. Como DESAFIO ofrecemos nuestra capacidad para ser hilván de collar, que reúne a perlas diversas.

Puente entre mundos distintos: Puentes para el encuentro de los distintos mundos.
Para unir dos orillas distanciadas, solo un puente bien construido nos permite descubrir lo hasta antes desconocido.
Sabemos que la riqueza y el valor del ser humano se descubre principalmente en el encuentro con el otro que reconoce el valor de la diversidad. Más el temor a los que piensan, se visten o sienten distinto, es lo que nos lleva a levantar muros y alambradas impidiéndonos crecer con el aporte del otro. Como DESAFIO hemos desarrollado una pedagogía del encuentro.

Nuestra vocación al servicio del país: Todas nuestras competencias y actividades están ordenadas a nuestra visión de país que se funda en nuestra espiritualidad y antropología cristiana y que buscamos expresar cotidianamente con nuestro orden de valores. Parafraseando a J. F. Kennedy diríamos: ”no te preguntes que hace tú país por ti, sino más bien, que estás haciendo tú por tú país”